
El agua tiene un punto de fusión, un punto de ebullición y un calor de vaporización más elevados que la mayoría de disoluciones comunes. Estas propiedades del agua se deben a la atracción entre moléculas de agua adyacentes, lo que confiere al agua líquida una gran cohesión interna.
Cada átomo de hidrógeno de una molécula de agua comparte un par electrónico con el átomo de oxígeno central. La geometría de la molécula de agua sigue las formas de los orbitales electrónicos externos del átomo de oxígeno. Estos orbitales describen un tetraedro, con un átomo de hidrógeno en dos vértices y electrones sin compartir en los otros dos.
El núcleo del oxígeno atrae electrones más fuertemente que el núcleo del hidrógeno (un protón); es decir, el oxígeno es más electronegativo. Por tanto el H y el O comparten electrones de forma desigual; los electrones se sitúan con mayor frecuencia cerca del átomo del oxígeno que del de hidrógeno. El resultado de esto es la formación de dos dipolos eléctricos en la molécula del agua, a lo largo de cada uno de los enlaces H-O; cada hidrógeno es portador de una carga positiva parcial y el átomo de oxígeno es portador de una carga negativa parcial igual a la suma de las dos cargas positivas parciales. Como resultado de ello, existe una atracción electrostática entre el átomo de oxigeno de un molécula del agua y el hidrógeno de otra, que se denomina puente de hidrógeno.
Los puentes de hidrógeno son relativamente débiles. Los puentes de hidrógeno en el agua líquida tienen una energía de disociación de enlace ( la energía requerida para romper un enlace) de aproximadamente 23kJ/mol en comparación con los 470kJ/mol de enlace covalente O-H en el agua o de los 348kJ/mol del enlace covalente C-C. El enlace de hidrógeno tiene un 10% de carácter covalente, debido al solapamiento de los orbitales de enlace, y un 90% de carácter electrostático.
Cada átomo de hidrógeno de una molécula de agua comparte un par electrónico con el átomo de oxígeno central. La geometría de la molécula de agua sigue las formas de los orbitales electrónicos externos del átomo de oxígeno. Estos orbitales describen un tetraedro, con un átomo de hidrógeno en dos vértices y electrones sin compartir en los otros dos.
El núcleo del oxígeno atrae electrones más fuertemente que el núcleo del hidrógeno (un protón); es decir, el oxígeno es más electronegativo. Por tanto el H y el O comparten electrones de forma desigual; los electrones se sitúan con mayor frecuencia cerca del átomo del oxígeno que del de hidrógeno. El resultado de esto es la formación de dos dipolos eléctricos en la molécula del agua, a lo largo de cada uno de los enlaces H-O; cada hidrógeno es portador de una carga positiva parcial y el átomo de oxígeno es portador de una carga negativa parcial igual a la suma de las dos cargas positivas parciales. Como resultado de ello, existe una atracción electrostática entre el átomo de oxigeno de un molécula del agua y el hidrógeno de otra, que se denomina puente de hidrógeno.
Los puentes de hidrógeno son relativamente débiles. Los puentes de hidrógeno en el agua líquida tienen una energía de disociación de enlace ( la energía requerida para romper un enlace) de aproximadamente 23kJ/mol en comparación con los 470kJ/mol de enlace covalente O-H en el agua o de los 348kJ/mol del enlace covalente C-C. El enlace de hidrógeno tiene un 10% de carácter covalente, debido al solapamiento de los orbitales de enlace, y un 90% de carácter electrostático.
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